Las copas de los árboles

Mis ojos están cansados por tanto llorar,

Recuerdo la potencia del qué será

Del uno mismo, del mundo que habitamos juntos.

El aire. Tengo una obsesión. Estoy muerto. 

Me morí desde aquel momento que nací 

sietemecinx.


Recuerdo la melodía de tu voz, el color de

tus ojos. Tus reclamos justos. Los besos

y hacer el amor. Los sueños rotos, los golpes

en la sierra. Aquel día que te fuiste sin decir adiós

me convertí en un cadaver. 


El día que se murió mi abuela deseé que estuviéramos 

juntos, como si te conociera de toda la vida. 

El amor que profeso me recuerda a ti. 

Una figura, ¿cuál figura? ¿Es tu nombre?

¿Es acaso la idea que tengo de ti?


Pero recuerdo los ventarrones del temperamento tuyo,

Los días de trabajo arduo.

Caminar.

Con dos piernas fuertes, y una motivación.

Siempre aprendo de ti, incluso cuando no estás. 


Estoy muerto. Me morí el día que quise amar.

Un año después de ti. 

El verde de los pinos y la sensación ligera del cuerpo,

ahora se confunden con mi sensación pesada de estar

y mi odio por mi propia existencia. No soy nadie.


El poeta que quise ser y la vida que te entregué. 

Un viejo absurdo anestesiado por el dolor de vivir.

Tengo un monstruo dentro. Una sensación extraña, 

A la vez que extraordinaria.

Una sensación eléctrica se siente en mi carne.

Y temo seguir existiendo. 


El mundo me dejó atrás, ahora me queda 

este poema y tu recuerdo, el recuerdo de

quienes amé. Un indigno. 

Mi cuerpo, endeble y pesado. Que parece

dejar atrás sus mejores momentos.

Una escena que me figura algo que conozco. 


De repente, nuevamente, tú

la vida que recorre mis glúteos,

ja música que me hace mover. Mi pobre uso 

del lenguaje y una sensación de amor.

Hacer el amor.

Un amor por estar aquí con ustedes.

Un nuevo mundo que me resucita. Quizás 

eso era todo. Eso era todo. Un momento

 lo suficientemente nuevo, 

como para sentir un aire de novedad.


Te llevaré, como dice la canción.

Aquí

En

Mi corazón.



Los viejos dicen que el mundo sigue, 

Que soy un totalitario por proponer un

corte enigmático y, sin embargo,

¿Quién puede negarlo?

Mi cuerpo me indica que está ahí. 


Es un nuevo mundo. 

Mi cuerpo puede sentir.


El miedo de seguir pensando en ti.

Un otro.

¿Quién eres?

Dudo del dolor propio, 

de la vida y del porvenir.

Una caricia, el viento sopla fuerte.

Son las copas de los árboles 

moviéndose.

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