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Las copas de los árboles

Mis ojos están cansados por tanto llorar, Recuerdo la potencia del qué será Del uno mismo, del mundo que habitamos juntos. El aire. Tengo una obsesión. Estoy muerto.   Me morí desde aquel momento que nací   sietemecinx. Recuerdo la melodía de tu voz, el color de tus ojos. Tus reclamos justos. Los besos y hacer el amor. Los sueños rotos, los golpes en la sierra. Aquel día que te fuiste sin decir adiós me convertí en un cadaver.   El día que se murió mi abuela deseé que estuviéramos   juntos, como si te conociera de toda la vida.   El amor que profeso me recuerda a ti.   Una figura, ¿cuál figura? ¿Es tu nombre? ¿Es acaso la idea que tengo de ti? Pero recuerdo los ventarrones del temperamento tuyo, Los días de trabajo arduo. Caminar. Con dos piernas fuertes, y una motivación. Siempre aprendo de ti, incluso cuando no estás.   Estoy muerto. Me morí el día que quise amar. Un año después de ti.   El verde de los pinos y la sensación ligera del cuerpo, ah...

Te recuerdo antes de que fueras un montón de sal

Recuerdo tus brazos arropando mi cuerpo en la cama que compartimos noche tras noche, una mirada y un beso, luego ausencia, distancia y enojo. Nuestro enojo por existir, por tener esa vida que tuviste como mujer. Atada a un hijo y no a tus sueños de mejorar la vida que vivimos juntos.  Criados de burgueses, atentos y con  máscaras, incapaces de despertar nuestras  emociones frente a otros. Vivales ante los agresiones del otro,  de los jefes que nos observan y nos recuerdan que no es nuestra casa. Pero tu mirada es cálida y tu comida  -serena.  Ambos creímos, falsamente, en que podíamos mejorar nuestra existencia.  Recuerdo cuando me esperabas en la entrada de la puerta verde, inerte, rígida con la mirada que presumías era suficiente para controlarme. Es nuestra educación, pensabas.  La humildad de tu presencia, escondiendo tus miedos a las humillaciones que  viviste de niña. La casa del árbol y las muñecas que recuerdas nunca tuviste.  Tu...

Me imagino no poseyéndonos, sino encarnándote.

  El deseo, mis escritos han decaído en poesía Fértiles en filosofía Escribo así otra vez ¿Qué pasa? ¿Cuándo fue la última vez que me sentí así? No tiene sentido. Un yo que no está y que llora y que llora   De no estar, de estar, de sentir. Hoy me acordé de ti. Estábamos los dos sentados Atrás de lo social, a pesar de todos ustedes. Ahí te vi. Recuerdo cuando sentí por ti. No había nada. Solamente un imagen de ti. Un vistazo. De la figura de la cual eras sombra. El sol. Luego la tarde De una noche entre música y cocaína. Tus ojos verdes olivas parecidos a ¿quién? Estoy pensando en ti, un Objeto a. Representado. A pesar de eso te recuerdo, la niebla entre los dos.   La tensión reprimida. Estuve muy ocupado de vivir Como para producir cualquier cosa y ahora me doy cuenta. Te extraño. ¿Recuerdas las risas? El cariño profesado.   No entendi nada de ti. Solamente que me decías Un te quiero. Me haces falta. Me haces feliz. Nací con verga. Aunque me siento más mujer. Me ima...

¿Qué significa perder?

  ¿Qué significa perder? En tiempo y lo caótico perdí Perdí a mis amigos, a mi padre, A Helen, a mis abuelos, a ti.   Me perdí a mí. Aún así sigo sin entenderme   Esta noche, ni muchas otras Donde el dolor me hace Desfallecer. Y desfallezco, no puedo seguir. Apuesto mi gran ficha y escribo Sobre el dolor que siento en la   Perdida. Sigo. No sé cómo pero mi cuerpo Es fuerte, como un roble que A pesar de la ventisca no   Cae, no completo, pero, Poco a poco se queda   Más solo y vacío.   Las sensaciones en mí.   Ausencia. Tiempo perdido. Objeto deseado que no está. ¿Por qué pierdo? Nací para adolecer, pero no quiero Llevar a la práctica lo que un   Montón de viejos, hombres,   Dicen. Están derrotados.   Un pensamiento derrotista. Soy débil. Lloro.   Pero sigo.   El valor que me enseñaron Ustedes.   Difiero en el dolor que debo de sentir, Pero lo siento, muy mío, como si fuera mío. Tú o el dolor de otre. Sigo. Sintiendo, ...

Mi débil belleza

  Me equivoqué, me tragué mis palabras junto con Mi dolor. Sentí, volví a sentir. No estabas tú. Pero, ¿quién eres? No recuerdo saber quién eres. Aún así, el peso del vacío que dejó tu espeso Corazón está en mi cuerpo. Lo siento. Quizás Es un saber-poder que me hace sentir, estar vivo; Quizás debería morir y obedecer al   consensuum de ancianos. La vida no vale la   Pena. El diablo es quien me hizo sentir que La vida no vale nada, como diría José Alfredo. Pero están equivocados, me equivoqué junto A ustedes, impresionado por su grandes Habilidades de la razón. Y yo, sólo un   Joven y un poeta que conoció al pecado, A la sensación del placer en el dolor del existir. Al menos, eso solía ser: un joven y un poeta. Era el diablo, pero no por las razones que creí,   Me equivoqué. Mi juventud se extingue y me pregunto, a veces, Me recuerdo: ¿realmente fui un poeta? ¿Lo Que hice mereció ser? Sólo me queda pensar En un sí. Sí soy poeta y mi vida fue material moldeable. F...